Luego de tres meses de cosechar una bella amistad, en una noche de vino y marihuana, sucedió lo esperado: nos besamos, prometimos que no cogeríamos, nos fuimos a un callejón a tocarnos un poco mientras charlábamos y reíamos por lo bizarro que nos resultaba la situación.
Una vez que terminó el momento pseudosexual, nos abrazamos mucho, muchísimo, y nos fuimos felices de saber que ambos queremos una amistad y que después de eso ningún roce físico sería interpretado como una búsqueda sexual.
¿Será verdad? Ojalá.
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