El Pendejo es un compañero de teatro. Durante un par de meses antes de separarme del Rubio, con el Pendejo nos mirábamos mucho, muchísimo. Nuestro vínculo era eso: miradas.
Cuando por fin me separé, tuvimos un romance, yo disfrutaba lo que él me brindaba, pero a su vez tenía una separación que elaborar, así que un mes después decidí terminar lo que teníamos, y el vínculo con se fundió.
Es sabido que dos personas que se atraen y están obligados a verse, separados por un factor ajeno al vínculo que los une, están condenadas a vivir y sufrir idas y vueltas, histeriqueos.
Hoy en día de mi parte hay un dejo de incertidumbre sobre qué quiere él, aunque sospecho que es un mero deseo sexual (él no me lo dice). Ya hace unos 4 meses que nada se define, o que lo que sucede -creo yo- es que él no tiene el coraje para enfrentarme y decirme que sólo quiere sexo cuando dé y ningún tipo de compromiso, mientras yo necesito la llamada al día siguiente, escuchar un cómo estás.
Todo esto me cansa, me deja un vacío, nuestra relación nació como un proyecto de novios -más de su lado que del mío-, y hoy en día siento que es un vínculo sexual. Que eso sea así me da tristeza, porque tengo la sensación de que me dieron un chocolate importado y ahora quieren conformarme con que coma Nesquik a cucharadas. Y la verdad es que no se compara una cosa con la otra, quiero el chocolate importado o nada, el Nesquik es una porquería.
Es triste ya no esperar más nada de él, haberme dado por vencida. Y claro, al ser así, cuando reaparece me seduce tanto.
Donde hago teatro es una casa chorizo, hay tres departamentos son parte de la escuela. Ayer mientras otros trabajaban en el del fondo, otros esperábamos nuestro turno en el de adelante.
Luego de unas tres horas de dulce espera, con el Pendejo nos metimos en el baño, a luz apagada, nos besamos, nos tocamos, sentimos nuestros cuerpos en contacto -¡que quedan tan bien!-, hasta que golpearon la puerta. Pero no, no nos descubrieron.
Volvimos con el grupo, pero no pudimos evitarlo y un par de horas más tarde, estabamos solos en ese departamento, con la puerta cerrada, besándonos mucho, tocándonos, lamiéndonos, acabando.
Era necesario hacer más amena la espera. Con él encontramos una manera de matar el tiempo, que no correspondía para donde estábamos, pero por qué negarlo, fue muy divertida y excitante.
Ay, Pendejo, cómo me calentás, ¿por qué no querrás practicar conmigo ese grandioso sexo más seguido? ¿me tenés miedo? ¿no te querés enganchar? ¿no te intereso más?
viernes, 30 de octubre de 2009
domingo, 25 de octubre de 2009
Una clásica, para empezar el blog
Luego de tres meses de cosechar una bella amistad, en una noche de vino y marihuana, sucedió lo esperado: nos besamos, prometimos que no cogeríamos, nos fuimos a un callejón a tocarnos un poco mientras charlábamos y reíamos por lo bizarro que nos resultaba la situación.
Una vez que terminó el momento pseudosexual, nos abrazamos mucho, muchísimo, y nos fuimos felices de saber que ambos queremos una amistad y que después de eso ningún roce físico sería interpretado como una búsqueda sexual.
¿Será verdad? Ojalá.
Una vez que terminó el momento pseudosexual, nos abrazamos mucho, muchísimo, y nos fuimos felices de saber que ambos queremos una amistad y que después de eso ningún roce físico sería interpretado como una búsqueda sexual.
¿Será verdad? Ojalá.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
